14.5.09

Los Amigos del Mal - una introducción

¿Por qué el Mal? Una primera respuesta es fácil y demasiado tentadora como para rechazarla: ¿por qué no? La segunda, necesaria, se basa en la importancia de hallar algunas claves –cinematográficas, en este caso– para la comprensión más justa y la apreciación más sincera no tanto de lo “malo” sino de lo malo. Categoría objetiva, más que juicio de valor, lo malo atraviesa la historia del cine por caminos de tierra, muchas veces abandonados o sin salida. Desde nociones más o menos tradicionales como “arte termita” o “películas de medianoche”, los títulos de esta selección responden, en mayor o menor medida, a nichos de lo malo como el objeto de culto (The Rocky Horror Picture Show), lo fracasado (Golpe al corazón), lo fallido (Rock All Night), lo desbordado (From Beyond, Critters 2), lo generacional (Muchacho lobo), lo trucho (Frankenstein conquista el mundo, Infierno en el cosmos) o lo impuro (Greaser’s Palace). Todas coordenadas estéticas que no tienen –¡líbrennos!– nada que ver con el gusto por eso que suele llamarse equívocamente “bizarro”: en cada una de estas clasificaciones existe un amor sincero por el cine; existe la necesidad, existe la convicción de que el cine debe hacerse, agitarse y moverse como se pueda, en un sentido casi vitalista.

A su vez, el hilo visible que une a muchas de estas películas es la experimentación con –y el cruce de– los géneros que, a veces con absoluta seriedad y otras con espíritu lúdico, se dio en (los márgenes de) Hollywood desde fines de los años ’60. “De-generaciones 70/80” habría sido otro título posible para el ciclo. Pero esos movimientos, temblores y mutaciones no sucedieron en el vacío, y ahí están también Marihuana o Reefer Madness, resignificadas por los primeros cultistas, o el eje del mal Castle-Corman dejando intuir líneas genialógicas rastreables hasta en maravillas contemporáneas de toda contemporaneidad (Carretera perdida).

Por último, hay un pequeño grupo que se resiste a cualquier justificación ajena al placer que puede proporcionar(nos, les) su visión en pantalla grande: Criaturas celestiales, Aprile, Los amantes del Círculo Polar. Rabiosa, amorosamente autorales, representan algo así como la válvula de escape ante tanto terror(ismo) audiovisual.

Pero tres cuartos del nombre de este ciclo es “amigos de” y aquí, a riesgo de convertir esto en un discurso de aceptación del Oscar, debemos dejar constancia de nuestro agradecimiento eterno al gran Alberto Fuguet, co-responsable del mini-homenaje al Cineclub de Cali (que es ante todo una forma de recordar a Andrés Caicedo, ese mejor amigo que el tiempo nos impidió tener); a los críticos Juan Manuel Domínguez y Juan Pablo Martínez y a los músicos/cinéfilos/poetas Javier Sisti Ripoll, Antolín y Mora Sánchez Viamonte, que nos dieron diez manos enormes y entusiastas con las reseñas de las películas, y a los demás artistas de Laptra, musicalizadores de excepción para películas excepcionales. Y, por supuesto, a Fernando Martín Peña, sin cuya amistad y generosidad (y sin su cierto grado de locura para aceptar graciosamente cada uno de nuestros dislates) nada de todo esto tendría la menor importancia.

am/pm, 14.05.09

12.5.09

Re-Animator (VIE 5, 24 hs.)

(EUA, 1985) de Stuart Gordon, c/ Jeffrey Combs, Bruce Abbott, Barbara Crampton, Robert Sampson, David Gale. 86’.

Entonces Stuart Gordon dijo: “Ya hay demasiadas películas de vampiros”. Y allí fue, primero a la biblioteca a leer Herbert West: Reanimador de H.P. Lovercraft, y después a gastarse 24 galones de sangre falsa para hacer este cover gore, salvaje y fuera de norma de Frankenstein. El resultado: una criatura que ¡está viva!, sí, mucho más allá de los difuntos ‘80. Hasta podría decirse que Re-Animator es el sueño del doctor West: una película que sobrevive aun cuando a muchos de sus ingredientes se les haya pasado la fecha de vencimiento: científicos que explotan, actuaciones tan agudas como los sintetizadores de la banda sonora, tetas, gatos del más allá en heladeras verdes y jeringas flúo. Un cine que, aunque muchos lo den por muerto, sigue haciendo volar globos oculares.

Juan Manuel Domínguez

Piraña (SAB 27, 16 hs.)

(Piranha, EUA-1978) de Joe Dante, c/ Bradford Dillman, Heather Menzies, Kevin McCarthy, Dick Miller, Keenan Wynn, Barbara Steele, Belinda Balaski, Paul Bartel, Bruce Gordon. 92’.

Muchos años antes de su divina comedia (todos de pie: Gremlins 2), Piraña se subía, con una ayudita financiera del tío Corman, a la explotación pesquera del Tiburón de Spielberg. Pero Dante saqueaba esos planos con la camarita metida en el agua y el terror creado desde el montaje (bichos de caucho abajo, gente con cara de que le comen algo arriba) por todo lo alto, duplicando la apuesta original: todo aquí está empapado de autoconciencia, desde ese videojuego con el fichín del tiburón al comienzo hasta las pirañas de goma que constituyen una amenaza manipulada genéticamente por el Gobierno. El pequeño Dante aún no ilustrado: pelear contra la ley y que la ley gane; afilar los dientes/termitas para masticar una cinefilia que mira al sci-fi de los 50, y jugar a ser Spielberg disfrazado de Corman.

Juan Manuel Domínguez

Laptra va al Malba (JUE 11 a las 20, 22 y 24 hs.)

¡Laptra musicaliza!

Desde hace un lustro, el sello discográfico/cooperativa (no sólo) musical Laptra le refresca la cara a eso que a falta de mejor nombre se conoce como “indie”. Con Él mató a un policía motorizado como nave insignia, desde La Plata zarpan regularmente melodías nuevas hechas por y para una generación inquieta, que recorren –a veces con desparpajo rockero, a veces con inocencia infantil– la amistad, los viajes, los amores difíciles... y las películas.

Prietto viaja al cosmos con Mariano, Reno y los Castores Cósmicos, Go-Neko!, Shaman y los Hombres en Llamas son algunos de los evocativos nombres propulsados por la escudería. Otros tres de ellos estarán el jueves 11 musicalizando sendos clásicos del cine mudo.

A las 20, Niño Elefante (virtuoso guitarrista de EMAUPM, tecladista analógico y melodista policromático) le pondrá calidez al documental pionero de Flaherty, Nanook el esquimal. A las 22, Antolín (cantautor futurista, poeta tímido y fundador de la truchigalería de arte Corazones de Bully) reunirá ad-hoc a Los Amigos del Mal para invadir, a lomo de dinosaurio, la fantástica El mundo perdido. Finalmente, a la medianoche, serán el oscuro optimismo de los 107 Faunos y sus telepáticos diálogos de guitarras los que vayan, risueños, tras las huellas de la obra maestra de Keaton, Sherlock, Jr.

www.laptra.com.ar

Nanook el esquimal

(Nanook of the North, EUA-1922) de Robert Flaherty, largometraje documental. 70’ aprox.

Música en vivo de Niño Elefante



El mundo perdido

(The Lost World, EUA-1925) de Harry Hoyt, c/ Bessie Love, Wallace Beery. 100’.

Música en vivo de Antolín & Los Amigos del Mal



Sherlock, Jr.

(EUA, 1924) de Buster Keaton, c/BK, Kathryn McGuire, Ward Crane, Erwin Connelly, Jane Connelly, Joe Keaton. 50’ aprox.

Música en vivo de 107 Faunos

11.5.09

Scanners - Los amos de la muerte (SAB 27, 14 hs.)

(Scanners, Canadá-1980) de David Cronenberg, c/ Jennifer O'Neill, Stephen Lack, Patrick McGoohan, Lawrence Dane, Michael Ironside, Robert Silverman. 103’.

Diez años antes de su adaptación de El almuerzo desnudo, Cronenberg ya había visitado un capítulo de la novela de Burroughs para su aporte al por entonces en boga tema de la telepatía, telequinesis y demás poderes de la mente (Furia, El resplandor). Como los senders de Burroughs, los scanners forman una organización para dominar el mundo; uno de ellos es el único que puede detener al renegado Revok, villano inolvidable, actuado por Ironside con la misma energía maníaca del Jack Nicholson joven. La oscura pesadilla de Scanners se mueve entre dos de las escenas más recordadas de la obra del canadiense (ésta fue la penúltima película de DC en su país natal, y su complicadísima producción una de las razones para cruzar la frontera): la explosión tremebunda de una cabeza y el impactante, brutal, y aun así ambiguo duelo final.

Muchacho lobo (VIE 12, 24 hs.)

(Teen Wolf, EUA-1985) de Rod Daniel, c/ Michael J. Fox, James Hampton, Susan Ursitti, Jerry Levine, Matt Adler, Lorie Griffin. 91’.

Hay numerosas películas americanas sobre chicos populares (y no) en la escuela secundaria. Muchacho lobo se inscribe en esa tradición, en sus cimientos: a mediados de los ‘80, al lado de las emblemáticas películas de Molly Ringwald (El club de los cinco, La chica de rosa), encontramos a Michael J. Fox interpretando a Scott, un joven olvidable en los pasillos de su colegio. Hasta que una noche descubre que, debido a su herencia genética, puede convertirse en un hombre (muchacho) lobo. Gracias a su nueva condición animal, Scott se vuelve la estrella del equipo de baloncesto, lo que lo lleva a la popularidad y a comenzar una vida desenfrenada (memorable la escena en que baila sobre el techo de una camioneta en movimiento, con el himno californiano de los Beach Boys “Surfin’ USA” de fondo). Y sobre el final queda la enseñanza esperable, aunque nunca de más, sobre ser uno mismo y valorar a los amigos de verdad.

Mora Sánchez Viamonte

10.5.09

El sol rojo (JUE 11, 16 hs.)

(Soleil rouge / Sole rosso, España/Francia/Italia-1971) de Terence Young, c/ Charles Bronson, Toshiro Mifune, Alain Delon, Ursula Andress, Capucine. 112’

Si alguien todavía piensa que todos los western son iguales, que vea El sol rojo, entonces, y se convenza de la mentira más grande y tonta de la historia de la habladuría cinematográfica. La razón para que un ladrón como Charles Bronson cabalgue junto a un samurai como Toshiro Mifune en una búsqueda frenética para evitar morir y suicidarse, respectivamente, es bien lógica: el primero atracó con su pandilla un tren en el que iba el segundo, custodiando una espada sagrada, regalo del embajador japonés al presidente norteamericano. En el medio de todo, la pandilla traicionó a Bronson y los dos decidieron salir a recuperarla antes de que sea muy tarde para ambos. Y si creen que la dupla Bronson-Mifune no es lo suficientemente disparatada, sepan que el villano no es otro que Alain Delon.

Comiéndose a Raúl (VIE 5, 14 hs.)

(Eating Raoul, EUA-1982) de Paul Bartel, c/ Paul Bartel, Mary Woronov, Robert Beltran, Susan Saiger, Richard Paul. 90’.

Paul y Mary descubren por accidente la salida a todos sus problemas financieros: citan a hombres swingers en su departamento para matarlos (con una sartén por la cabeza) y robarles lo que sea que lleven en su billetera. O por lo menos ése parece ser el plan por un tiempo. Con un estilo a mitad de camino entre el trash colorinche de John Waters y el cinismo negro del Corman de La tiendita del horror, la película más exitosa de Paul Bartel (1938-2000) unió ambas tradiciones en un camino despojado hacia la práctica de un cine comercial realizado casi anti-comercialmente, sin medios pero tampoco con ganas de conseguirlos. Una película casera y masiva, de uno de esos personajes atípicamente brillantes de Hollywood que sólo se valoran cuando ya no están.

La balada del desierto (SAB 6, 16 hs.)

(The Ballad of Cable Hogue, EUA-1969), de Sam Peckinpah, c/ Jason Robards, Stella Stevens, David Warner, Slim Pickens. 121’

Entre 1969 y 1970, Peckinpah dirigió y estrenó La pandilla salvaje y La balada del desierto, los dos pilares centrales y complementarios de su universo cinematográfico. Por un lado, la violencia despiadada de un mundo frente a todo lo considerado viejo y por otro la resistencia (existencialista en su fatalismo) de esa raza al borde de la extinción frente al avance de un nuevo régimen social, implacable. Cargada de una atmósfera solitaria digna de Melville o del último Ford, La balada del desierto es la historia de un forajido vuelto a nacer, una venganza y una posibilidad de triunfar en la vida. Es también, como todo film de Peckinpah, la historia de un fracaso.

Harlan County U.S.A. (JUE 18, 14 hs.)

(EUA, 1976) de Barbara Kopple, largometraje documental. 103’.

La épica cinematográfica trasladada al terreno documental –de la mano de una de las cámaras más sueltas y lacerantes surgidas de la explosión del cine directo norteamericano (Leacock, Drew, Pennebaker, Maysles, etc.)–, Harlan County U.S.A. marca un antes y un después en la historia del activismo audiovisual. Filmada en condiciones completamente independientes, casi guerrilleras, la película de Kopple sigue desde adentro los trece meses de la huelga sindical de los mineros de Kentucky sin temerle a nada, decidida a llegar hasta las últimas consecuencias, incluso cuando eso signifique perder el control creativo. Ya lo dijo Herzog: el cine no es estético, es atlético.

Greaser's Palace (VIE 19, 14 hs.)

(EUA, 1972) de Robert Downey, c/ Allan Arbus, Luana Anders, Albert Henderson, George Morgan. 91’

Luego de romper todo lo rompible en la de por sí destructora comunidad cinematográfica neoyorquina de los ’60 con sus películas genialmente pobres y turbias, Robert Downey Sr. consiguió un millón de dólares para filmar su historia de Jesús de Nazareth. El crítico del New York Times Vincent Canby escribió al estrenarse esta película que su director –efectivamente, el padre del actor de Iron Man–, “aunque estuviese la mayoría de las veces atrapado financieramente, permanecía decididamente dispuesto de esa manera lunática que caracteriza a la aristocracia de tontos y de cineastas”. Y aunque Greaser’s Palace haya sido su película más cara es, también, la más extrema en su búsqueda de una nueva idea del cine. Una capaz de tirar todo lo anterior por la borda.

Dos extraños se casan (JUE 4, 14 hs.)

(When Strangers Marry, EUA-1944) de William Castle, c/ Kim Hunter, Robert Mitchum, Dean Jagger, Neil Hamilton, Lon Lubin, Milt Kibbee. 66’.

“No es tan lograda como Pacto de sangre ni tan brillante como Laura, pero está mejor actuada y mejor dirigida... que ninguna.” Quien se entusiasmaba así con la quinta película de Castle no era otro que Orson Welles; tiempo después, iba a reclutarlo como ayudante en La dama de Shangai, pero ésa es otra historia. La de este compacto thriller psicológico clase B es la de una recién casada que llega a Nueva York a buscar a su marido, viajante de comercio y posible asesino. En una atmósfera urbana típicamente noir, se desarrolla una caza del hombre de suspenso sostenido –y de la que participa un joven Robert Mitchum, reeditando el clásico castleano del macho contra el intelectual– que prueba que el arte de Castle trascendía por mucho los gimmicks y efectismos varios con los que alcanzó la fama.

Squirm (SAB 20, 14 hs.)

(EUA, 1976) de Jeff Lieberman, c/ Don Scardino, Patricia Pearcy, R. A. Dow, Jean Sullivan, Peter MacLean. 92’.

De todos los bicharracos, reales o inventados, que habitan las películas de terror, los que conducen el ataque al género humano en Squirm deben ser los más inusuales: las lombrices. Sí, vulgares anélidos de jardín, pero que –nos enteramos por este film, algo así como un “Los pájaros para autocines”–, al exponerse a una descarga eléctrica salen a la superficie terrestre convertidos en bestias carnívoras insaciables. Absurda premisa muy bien explotada por el director/guionista Lieberman, quien trabaja su ópera prima con un sentido del humor lo bastante torcido como para esquivar el camp. Las lombrices –ver para creer– provocan auténtico terror, reforzado desde la banda sonora (en la que no falta la siniestra cancioncita infantil en una noche de tormenta) por el chillido de ultratumba que acompaña su paso viscoso pero devastador.


9.5.09

El sur (DOM 28, 16 hs.)

(España, 1983) de Víctor Erice, c/ Omero Antonutti, Sonsoles Aranguren, Icíar Bollaín, Lola Cardona, Rafaela Aparicio, Aurore Clément. 95’.

Tres largometrajes realizados en tres décadas distintas componen prácticamente la totalidad de la obra de Víctor Erice. Diez años después de El espíritu de la colmena y nueve antes de El sol del membrillo, El sur es el centro de esa filmografía, extraordinaria por todos los motivos posibles. La filmación fue interrumpida por el productor Elías Querejeta cuando se había rodado menos de la mitad del guión, porque “ya había allí una obra coherente y acabada”. Vaya si tenía razón: en esta elegía de luz y misterio (que, aunque no importe mucho, trata más que nada de la relación entre un zahorí callado y su hija a través de los años), de una belleza que duele y emociones inefables, el cine roza, como pocas veces lo ha hecho, la esencia de lo eterno.

Critters 2 (SAB 13, 16 hs. y VIE 26, 24 hs.)

(Critters 2: The Main Course, EUA-1988) de Mick Garris, c/Terrence Mann, Don Opper, Cynthia Garris, Scott Grimes, Lindsay Parker. 93’.

Tres variaciones sobre el tema de la hamburguesa con queso, y sin hueso

1. Un millar de puercospines espaciales que devoran todo a su paso y se reproducen rápidamente ataca Groover’s Bend, un pueblo como cualquiera del centro de Estados Unidos. Los habitantes usan la iglesia como bunker. Los granjeros con camisa a cuadros, gorra de John Deere, trinches y antorchas, no parecen estar muy contentos con el plan que proponen el muchachito de la gran ciudad, el borracho y el hombre sin rostro que bajó de un plato volador y que les dice qué hacer en su propio pueblo. Los critters, por su lado, optan entre la carne viva o hamburguesas con queso, y sin huesos. De esa decisión quizá dependa su continuidad sobre el planeta Tierra.

2. Brad Bradley vuelve al pueblo después del confuso episodio en el que unas criaturas extraterrestres atacaron la granja de su familia, nadie le cree, hasta el momento en que un centenar de puercoespines irrumpe en escena y son la excusa perfecta para hacer un retrato más o menos caricaturesco y con cierto cinismo naïf de un pueblo rural de Kansas. Allí están la viejita vegetariana y con onda, el sheriff resentido, el periodista bien y sus hermosas hijas, el mercachifle grotesco, la periodista trepadora, el adolescente bruto tipo Van Halen, y una decena de granjeros con camisa a cuadros, gorra de John Deere, trinches y antorchas. Nuestra pandilla, la que ve todo desde afuera, está compuesta por un muchachito de la gran ciudad, un borracho y un hombre sin rostro que bajo de un plato volador. ¿Qué pasará luego?

3. Y al final nos quedan una moraleja vegetariana solapada y varias escenas memorables, como el conejo de Pascua que vomita sangre atravesando el ventanal de la iglesia, la bola gigante de critters devorando instantáneamente a un hombre del que sólo queda el esqueleto, y el extraterrestre sin rostro que toma la forma de una playmate. Carne viva o hamburguesas con queso, y sin huesos. De esa decisión quizá dependa la continuidad de los critters sobre el planeta Tierra.

Javier Sisti Ripoll

The Mutations (JUE 18, 16 hs.)

(Inglaterra, 1974) de Jack Cardiff, c/ Donald Pleasence, Tom Baker, Brad Harris, Julie Ege, Michael Dunn. 92’.

Para el momento en que el británico Jack Cardiff dirigió su última película, de las más de diez que realizó desde comienzos de los ’50, ya era uno de los directores de fotografía más prestigiosos y celebrados de la industria (Narciso negro, Las zapatillas rojas, Bajo el signo de Capricornio). Lo curioso y visionario de The Mutations es que no tiene ni un fotograma prestigioso o celebrado y que es, más bien, la obra de alguien en contra de todo eso. Un profesor de día/científico loco de noche trata de cruzar a la raza humana con la vegetal. Sin razón ni motivos claros, todo en la película se mueve por la necesidad caprichosa de no quedarse quieto: la gente joven corre, el científico acciona sus palancas, los cuerpos mutan.

Los pistoleros del atardecer (DOM 14, 14 hs.)

(Ride the High Country, EUA-1962) de Sam Peckinpah, c/ Randolph Scott, Joel McCrea, Mariette Hartley, Ron Starr, Edgar Buchanan. 94’.

La segunda película de Sam “si se mueven, maténlos” Peckinpah es un western de manual ejecutado por el alumno más temperamental –bordeando lo inestable– de la generación norteamericana surgida de la televisión durante los ‘50 y ’60. Joel McCrea, como el ex sheriff Judd, es contratado para llevar un cargamento de oro desde A hasta C, pasando por B, un territorio peligroso hasta para el demonio. Es por eso que convoca a Randolph Scott y su compañero joven para que lo ayuden, sin saber que ellos quieren el oro más que cualquier otra cosa. En el medio, infaltable, se les sumará una mujer desesperada que trata de escapar de su pasado. 

Reefer Madness (DOM 7, 16 hs.)

(EUA, 1936) de Louis Gasnier, c/ Dave O'Brien, Dorothy Short, Warren McCollum, Lillian Miles, Carleton Young, Thelma White. 67’.

Financiada por un grupo religioso bajo el título Tell Your Children, el destino de culto camp de Reefer Madness empezó a gestarse en la turbia mente del rey de la exploitation de los ’30, Dwaine Esper. El director de Marihuana la re-montó, agregó unos cuantos inserts deshonestos, le puso un título con gancho y voilá: “Una obra de moral mojigata, filmada sin el menor lujo, que hace equilibrio entre escenas de bailoteo enloquecido deliciosamente gratuitas, y apartes didácticos de figuras de autoridad.” (J. Hoberman) Una pareja de castos hermanos se topa con otra de traficantes, y aun con otra de porristas perdidos, y el mero contacto entre ellos desata una avalancha de locura, violación, crimen y suicidio. Comedia involuntaria servida en bandeja, en una de las primeras “películas de medianoche” que levantaban humareda y carcajadas en los ‘70.

8.5.09

Frankenstein conquista el mundo (VIE 26, 14 hs.)

(Furankenshutain tai chitei kaijû Baragon, Japón-1965) de Ishirô Honda, c/ Nick Adams, Tadao Takashima, Kumi Mizuno, Yoshio Tsuchiya, Koji Furuhata. 90’.

Uno de los tres kaiju eiga (película de monstruos) que protagonizó el americano Nick Adams ­–amigote de James Dean y Elvis que los siguió hasta el otro lado, propulsado a base de pastillas– para la productora japonesa Toho, cuenta la lucha de colosos entre un Frankenstein oportunamente agigantado y un monstruo subterráneo llamado Baragon. De hecho, su título literal es “Frankenstein contra el monstruo subterráneo Baragon”. ¿Y cómo llegó la invención de Mary Shelley hasta aquí? Elemental: unos científicos nazis entregan el corazón del monstruo a los nipones, con tanta puntería que el músculo vital está en Hiroshima cuando cae la atómica, y... pasan cosas hasta el duelo de titanes, razón última y casi única de un film como éste, que resulta prodigiosamente emocionante. Ah, y también está la banda de sonido, que... bueno, mejor escucharla.

Infierno en el cosmos (JUE 4, 20 hs.)

(Starcrash, Italia/EUA-1978) de Luigi Cozzi, c/ Marjoe Gortner, Caroline Munro, Christopher Plummer, David Hasselhoff, Joe Spinell. 94'.

¡La Star Wars italiana! Sí, éste es uno de los tantos rip-offs que se hicieron de la saga de Lucas, un año después del estreno de La guerra de las galaxias. Y es a la vez el mejor y el más divertido. El Han Solo de esta película posee una porra importante, la princesa Leia, llamada aquí Stella Starr (nombre que compite cabeza a cabeza con "Martillo Hammer" en la categoría "nombre más redundante de la historia"), viste atuendos sospechosamente similares a los que Carrie Fisher usaría cinco años después en El regreso del Jedi y Luke Skywalker... ¡es David Hasselhoff! Pero detrás de todo el disparate (y de unas líneas de diálogo desopilantes) tenemos a un director (Luigi Cozzi, quien supo trabajar con Dario Argento) que conoce y ama al género,  y que logra algunas imágenes realmente bellas.

Juan Pablo Martínez

La niebla (JUE 4, 22 hs.)

(The Fog, EUA-1980) de John Carpenter, c/ Jamie Lee Curtis, Adrienne Barbeau, Janet Leigh, John Houseman, Hal Holbrook. 89'.

A La niebla no le fue demasiado bien en el momento de su estreno. El éxito de Halloween había dejado al público con ganas de sangre y de asesinos seriales (y los estudios escucharon y unos meses después de La niebla se estrenó la primera Martes 13, y el resto es historia). Eso le jugó bastante en contra a esta película, un cuentito de fantasmas bien a la antigua, que apuesta más por los climas y no tanto por la sangre. De hecho, luego de los test screenings, Carpenter tuvo que rodar un par de escenas que incluyeran algo de sangre. Vista hoy, es una de las películas más aterradoras, virtuosas, y redondas del director que, no conforme con ser todo eso, también tiene la que tal vez sea la mejor banda de sonido compuesta por JC.

Juan Pablo Martínez

Testigo fatal (VIE 26, 16 hs.)

(Blue Steel, EUA-1990) de Kathryn Bigelow, c/ Jamie Lee Curtis, Ron Silver, Elizabeth Peña, Louise Fletcher, Tom Sizemore. 102’.

El típico thriller de fines de los ‘80 y comienzos de los ’90, en el que un personaje es acosado por un asesino completamente demente. Pero claro, ésta es una película de la Bigelow, que venía de hacer el genial western vampiresco Near Dark, y aquí confirma que sabe trabajar con los géneros como pocos: lo que pudo haber sido un thriller convencional y sin vuelo, se convierte en algo realmente aterrador. Bigelow logra construir grandes climas y mantener un suspenso constante, mientras estiliza la imagen al máximo mediante ralentis varios y una predominancia del azul del título. Jamie Lee Curtis está excelente como una mujer policía perseguida por un empleado de Wall Street con serios problemas psíquicos, y lo mismo puede decirse de Ron Silver (q.e.p.d.), quien interpreta al villano en cuestión.

Juan Pablo Martínez

Alien, el octavo pasajero (JUE 4, 24 hs.)

(Alien, EUA-1979) de Ridley Scott, c/ Tom Skerritt, Sigourney Weaver, John Hurt, Yaphett Kotto, Harry Dean Stanton. 117’.

No es difícil simpatizar con los polizones; tipos duros que se cuelan en un tren o un barco rumbo a lo desconocido, acompañados de la idea romántica del vagabundo sin ley y sin futuro, repletos de buenas historias y sabios consejos, amigos de los niños y enemigos de las escuelas o la policía. “Los enemigos de la sociedad son amigos nuestros”, decimos. Salvo que el polizón no sólo sea enemigo de la sociedad, sino de nuestra civilización, nuestro planeta, nuestra raza. Alien, el octavo pasajero, es un parásito galáctico que aprovecha un casual encuentro con la nave terrestre Nostromo para infiltrarse en busca de un nuevo mundo donde reproducirse, no sin antes intentar aniquilar a sus tripulantes uno por uno. Y es el polizón al que más miedo nos da cruzarnos.

Andrés Olgiatti (Antolín)

Deathsport (DOM 14, 16 hs.)

(EUA, 1978), de Allan Arkush y Henry Suso, c/ David Carradine, Claudia Jennings, Richard Lynch, William Smithers, Will Walter. 82’.

Una producción de Roger Corman, un nuevo disparate embriagador de pretensiones artísticamente comerciales (y viceversa): en el futuro, siglos después de la guerra que acabó con la civilización esta que tenemos ahora y que dejó un paisaje sospechosamente similar al de La guerra de las galaxias (filmada un año antes), un dictador que maneja la Ciudad Helix captura a dos guerreros para que practiquen en su estadio el deporte mortal, sospechosamente similar al de Rollerball, que da título al film. Ver a David Carradine en una moto mortífera, diseñada por un científico insano y ensamblada por un chapista no licenciado, es todo lo que motivó a Corman a darle luz verde a una película abyecta por donde se la mire. Y es hoy un motivo importantísimo para verla.

Homicida (SAB 13, 14 hs.)

(Homicidal, EUA-1961) de William Castle, c/ Jean Arliss, Patricia Breslin, Glenn Corbett, Eugenie Leontovitch, Alan Bunce, Richard Rust, Snub Pollard. 87'.

“¡UNAS PALABRAS DE ADVERTENCIA! Por favor no reveles el final de esta película o tus amigos te matarán; ¡SI ELLOS NO LO HACEN, LO HARÉ YO!”: un gesto clásico de William Castle para acompañar la difusión de una más de sus pequeñas películas gigantescas. Si la trama de Homicida (y de Camisa de fuerza y de muchas de sus otras películas) se alimenta de las so(m)bras de Psicosis y Hitchcock en general, el talento de Castle estuvo en intensificar los alrededores de la película en sí. En transformar la sala de cine, la proyección y la imaginación sin barreras de su público de matinée en un gesto estético inigualado hasta el día de hoy. 

Desaparecido en acción 2 (SAB 27, 24 hs.)

(Missing in Action 2 - The Beginning, EUA-1985) de Lance Hool, c/ Chuck Norris, Soon-Teck Oh, Steven Williams, Bennett Ohta, Cosie Costa. 96’.

En El ocaso de una vida, la breve y demoledora aparición de Buster Keaton dotaba, si es que eso fuera posible, a su leyenda de una melancolía nueva, una que redefinía o reafirmaba lo singular no sólo de Keaton sino de su cine, de su era, de su imposibilidad de ser presente. En el otro rincón –el no canonizado–, el bigote color whisky de Chuck Norris, otro que hizo del físico y de las condiciones de producción contemporáneas algo imposible de separar de su figurita (una de acción, pegada con plasticola), aparecía en Pelotas en juego para levantar –literalmente– el pulgar a la lectura sentida, berreta y celebratoria de aquel pateaculos que mataba “chinorris” en Vietnam. Desaparecido en acción 2 demuestra que el cine descartable, el que ríe, aún no conoce la terrible novedad. Que así sea.

Juan Manuel Domínguez

¿Y… dónde está el piloto? (SAB 13, 24 hs.)

(Airplane!, EUA-1980) de Jim Abrahams, David y Jerry Zucker, c/ Robert Hays, Julie Hagerty, Robert Stack, Leslie Nielsen, Peter Graves, Lloyd Bridges, Kareem Abdul Jabbar. 86’.

El absurdo disparado como bala de cañón al corazón de la cinefilia y las construcciones audiovisuales de turno, nunca volvió a ser lo mismo desde ese Hiroshima llamado Top Secret!, la Capilla Sixtina con la que el triunvirato ZAZ y sus vacas con botas subieron a los cielos de la comedia. Antes de llegar a esa clase (ejecutiva), el trío ya había tanteado las alturas en ¿Y… dónde está el piloto?, puntapié inicial de esos ‘80 donde los ZAZ reinarían, apuntado a la entrepierna del cine catástrofe. San Leslie Nielsen con la pistola aún sin desnudar es el Mesías de este –por esos años– imposible hecho película, en el que la mojada de oreja a Tiburón, a John Travolta, a John Wayne, a Isaac Newton, al género (humano), ¡a la cultura popular, qué tanto! se transforma en una de las más bellas artes.

Juan Manuel Domínguez

Marihuana (DOM 21, 16 hs.)

(Maryjane, EUA-1968) de Maury Dexter, c/ Fabian, Diane McBain, Kevin Coughlin, Michael Margotta. 95’.

El mismo año en que Sonny Bono se despachaba con un increíble alegato antiporro (increíble porque sus ojos al rojo vivo dicen justo lo contrario de su discurso) desde el corto educativo Marijuana, otro cantante, la estrella juvenil Fabian, aparecía como el profesor cool pero no-tan-hippie que media entre el director del colegio y los rebeldes con causa (la verde hierba, cuál otra) en esta ficción. Pero más allá de lo inofensivos que lucen hoy sus pandilleros supuestamente de temer, esta producción de la American International Pictures –famosa por sus films clase B para adolescentes y por producir el “ciclo Poe” de Corman– sorprende con un guión efectivo, diálogos sensatos y decisiones cinematográficas inteligentes, y vuela bien lejos del sensacionalismo tan usual en la drugxploitation.

Marihuana (DOM 7, 14 hs.)

(EUA, 1936) de Dwain Esper, c/ Harley Wood, Hugh McArthur, Pat Carlyle, Paul Ellis, Dorothy Dehn, Richard Erskine. 58’.

Perpetrador de algunas exploitations pioneras como Maníaco sexual o Cómo desvestirte frente a tu marido, Dwain Esper (1894-1982) merece al menos una reivindicación tardía por haber mantenido viva la llama de Freaks de Tod Browning, aunque lo haya logrado gracias a sus cuasi-delictivos modos de distribuir y publicitar películas (se dice que atendía el teléfono con un “¡Voy a demandar!”). Marihuana, reinventada como clásico camp en los sesenta, es la obra cumbre (la sima, no la cima) de Esper y su esposa y guionista Hildegarde Stadie. En nombre de la moral y de un afán educativo inverosímiles, el dúo juega a catalogar los nefastos efectos del cannabis sobre una chica bien: orgías, homicidios, embarazos no deseados y, sobre todo, la irreprimible tendencia a meterse a la pileta completamente desnuda.

7.5.09

Carretera perdida (SAB 20, 24 hs.)

(Lost Highway, EUA-1997) de David Lynch, c/ Bill Pullman, Patricia Arquette, Balthazar Getty, Robert Loggia, Robert Blake. 135'.

En su ensayo El arte de lo ridículo sublime, el filósofo Slavoj Zizek sostiene que la estructura bipartita de Carretera perdida trabaja con “la oposición de dos horrores: el horror fantasmático del pesadillesco universo noir de sexo perverso, traición y crimen, y la desesperación de nuestra gris, alienada vida cotidiana de impotencia y desconfianza.” Pero mejor dejar a Lacan de lado y adentrarse en la oscura ruta del surrealismo lyncheano, perderse en el laberinto de sueños de sus personajes, dejarse conducir por la perturbadora banda de sonido compilada por el Nine Inch Nails Trent Reznor y la música original de Angelo Badalamenti, espantarse ante la visión de un rostro blanco kabuki o una cabaña que se desincendia: dejarse conmover, ni más ni menos, por esta extraordinaria fuga hacia el abismo.

Cine-Club de Cali en el Malba

Andrés Caicedo iba solo al cine pero entendía que la experiencia era colectiva. Por eso sentía que si no hablaba de una película con otro, de alguna manera no la había visto. Sentía que una amistad cinéfila se fortalecía si un amigo invitaba a otro a ver algo que el primero había visto y el otro no. Caicedo creía que el cine se veía pero también se escribía. Caicedo escribía de todas las películas pero muchos de sus escritos no eran críticas sino seducciones por escrito para que los asistentes del cine-club fueran a ver las películas de su vida, aquellas que había elegido para verlas en masa. Muchos de estos escritos de folleto de cine-club formaron parte del libro Ojo al Cine (así se llamó su revista) y de su autobiografía cinéfila póstuma Mi cuerpo es una celda. Si Caicedo supiera que, años después, su cine-club resucitara en el Malba y en Argentina, sentiría que hizo su trabajo bien. Yo creo que sí, que lo hizo, que puede estar más que contento.

Alberto Fuguet

Fahrenheit 451 (JUE 4, 16 hs.)

(EUA, 1966) de François Truffaut, c/ Julie Christie, Oskar Werner, Cyril Cusack, Anton Drifing, Jeremy Spenser, Bee Duffell, Alex Scott, Mark Lester. 111’.

François Truffaut hace una película sobre los libros. Su expresión es el cine, la más colectiva de las artes, por procedimiento y finalidad. Una película sobre la destrucción de los libros. Una sociedad ha llegado a una especie de régimen armónico por la vía del colectivismo. (…) Entonces llegó el día en que se decidieron, fueron necesarias muchas reuniones plenas e inclusive muchos sueños, pero lo hicieron: los libros entorpecen la marcha del progreso, hay que quemar los libros. Así, mediante el fuego, el elemento que todo lo modifica a su contacto, la palabra escrita fue borrada de la cultura del género humano. En lugar de la policía, el cuerpo de bomberos actúa en nombre de la paz. Por todas partes se anuncia tranquilidad pública.

Boletín del Cine-Club de Cali (1971)

 

Infierno en el Pacífico (VIE 12, 14 hs.)

(Hell in the Pacific, EUA-1968) de John Boorman, c/ Lee Marvin, Toshiro Mifune. 103’.

En Infierno en el Pacífico el conflicto se concretiza desde las primeras imágenes, y por la mera presencia de los actores. A un islote en medio del Pacífico van a caer un yanki y un japonés. USA y Japón están en guerra. La primera relación que se crea entre estos dos seres es el enfrentamiento, porque EN ellos (no SOBRE ellos) se produce la guerra. (…) Uno, el samurai; el otro, el militar yanqui, un todo formado por la democracia USA, el gangsterismo y el fascismo, atributos que él sabe utilizar de la mejor manera, él y sólo él, y siempre en nombre de la libertad y el enriquecimiento. (…) El amargo pacifismo moral de Boorman encuentra plena significación, aun en este tiempo nuestro latinoamericano en donde lo único que se necesita es tener la conciencia más limpia que ninguna, para que seamos nosotros los que tiramos la primera piedra.

Revista Vivencias (Cali, 1971)

Más corazón que odio (DOM 28, 14 hs.)

(The Searchers, EUA-1956) de John Ford, c/ John Wayne, Jeffrey Hunter, Vera Miles, Harry Carey, Jr., Olive Carey, John Qualen, Ward Bond, Natalie Wood. 119’.

El film se abre con el regreso de John Wayne al hogar. Regreso que como se verá después, no tiene nada de definitivo y cuando Wayne inicie su larga búsqueda quedará sobre la historia y sus protagonistas la gran ausencia del mundo familiar, ausencia que antepuesta al fiel cumplimiento del deber construirá los cimientos de este poema épico. (…) Una de las tantas obras maestras de John Ford y una de las últimas disertaciones sobre un personaje amado, perdido entre convicciones adquiridas con sangre pero ya inservibles, y al final siempre fuera de los nuevos vínculos. De allí la puerta que se abre al comienzo y la puerta que se cierra al final dejando afuera a John Wayne, no sería únicamente el comentario del creador sobre el destino de su personaje sino también símbolo de una obra que se cierra de manera perfecta.

Boletín del Cine-Club de Cali (sin fecha)

La ley del hampa (JUE 25, 18 hs.)

(Underworld U.S.A., EUA-1961) de Sam Fuller, c/ Cliff Robertson, Dolores Dorn, Beatrice Key, Robert Emhardt, Larry Gates. 99’.

El título de este relato de ascenso y caída gángsteril se lo debe Fuller a la película homónima (en castellano; en inglés se llama Underworld a secas) de Josef Von Sternberg de 1927, la primera del género que vio en su vida; muchos de sus elementos, a las convenciones del cine de gángsters, de Scarface a Alma negra, o a materiales tan disímiles entre sí como El conde de Montecristo, la tragedia griega y Batman. Lo demás, se lo debe (im)pura y exclusivamente a su capacidad para pintar del negro más feroz ese submundo del hampa que escala Tolly Devlin en la lenta venganza contra los asesinos de su padre; para contar su cuento amoral con la frontalidad de un traficante de drogas escolar que dice “la punta de una aguja no tiene conciencia” y la violencia de un tiro metido entre ceja y ceja.

El vuelo de la flecha (JUE 25, 14 hs.)

(Run of the Arrow, EUA-1957) de Sam Fuller, c/ Rod Steiger, Sarita Montiel, Brian Keith, Jay C. Flippen, Charles Bronson, Ralph Meeker. 86’.

Posiblemente la mejor prueba del talento versátil de Fuller (que, con la excepción notable del crítico Manny Farber, ni siquiera sus defensores reconocieron en su momento, colocándolo en el mejor de los casos en la categoría de “buen salvaje”), El vuelo de la flecha es un western crepuscular, épico sin esfuerzo, romántico cuando quiere, furioso por supuesto. Uno que comienza en el punto decisivo de la mitología americana, con la rendición del General Lee tras la batalla de Appomatox. O’Meara, veterano sureño, se niega a aceptar la deshonra de la derrota y viaja al oeste, donde rehace su vida entre los sioux. Pero el ejército construye un fuerte en las tierras de la tribu y O’Meara debe decidir de qué lado estará cuando se desate la inevitable violencia.

Delirio de pasiones (JUE 25, 16 hs.)

(Shock Corridor, EUA-1963) de Sam Fuller, c/ Peter Breck, Constance Towers, Gene Evans, James Best. 101'.

Para investigar un crimen ocurrido en un manicomio, el periodista Johnny Barrett se hace pasar por loco. Pero el plan que idealmente lo conducirá al Pulitzer, lo lleva en cambio peligrosamente cerca de la locura real. Como se ha observado, este film negrísimo, en el que el único color está en las alucinaciones de los internos, dice poco sobre la demencia y todo sobre el lado oscuro de América. La paranoia atómica, el racismo (encarnado en un negro que cree pertenecer al Ku-Klux-Klan), las guerras (de la de Secesión a la Fría, parando en todas), el comunismo, son sólo algunas de las cuestiones contra las que Fuller arremete desbocado, como si el corredor del título fuera una pista de bowling y su cámara una bola, pero de demolición.

Rock All Night (JUE 18, 18 hs.)

(EUA, 1957) de Roger Corman, c/ Dick Miller, Abby Dalton, Robin Morse, Richard Cutting. 62’.

La fiebre de sábado por la noche atacaba a la juventud mucho antes de Travolta y su glamour de brillantina inofensiva. Roger Corman, que siempre fue un cineasta de la vanguardia más austera y realista, sea cual fuere el mundo disparatadamente extraordinario que sus producciones intentasen describir, la empujó con otros pocos rebeldes hacia las pantallas a fines de los ‘50. Los cinco días que tardó en filmar esta historia de música y violencia (el afiche incluía la consigna prometedora de “Algunos tienen que bailar, algunos tienen que matar”) es a su vez prueba suficiente de una estética de trinchera que desarrolló por más de cuatro décadas detrás de cámara. En su chatura grisácea y acartonada, completamente imperfecta, Rock All Night es la prueba de un talento terrible que todavía espera su verdadero lugar en la historia del cine.